26.11.10

El Cojo de Valencia...y otras "prendas" (sobre el libro de Ynestrillas) (2)

José Luís Roberto al desallotjament del Kasal Popular (València, 1996)


He acabado de leerme el libro de Ynestrillas. No de un tirón sino picando aquí y allá lo que más me interesaba antes que el resto, y después vuelta a releer los párrafos y pasajes que mas hueso duro de roer me daban. La primera parte -sobre la campaña del Norte y la operación de Gibraltar-, se lee como un libro de aventuras. Con la fuerza de lo vivido (y de lo sufrido)

La segunda se adentra ya mas en la sub/literatura -es un decir- propia de las novelas policíacas y de lo que en francés o en ingles se titula "novelas negras", de mucha corrupción y crimen organizado, muertos a espuertas incluído.

No es una critica literaria lo que aquí hacer pretendo del libro de Ynestrillas pero tampoco una mera reseña o análisis político porque pienso que seria no darle todo el valor que se merece de testimonio, de proyecto de futuro, y también por su valor literario que lo tiene, aunque solo sea por el lenguaje vivo fresco y espontáneo del que su autor da muestras.

Llevo en Bélgica veinticinco años y me habrá costado un esfuerzo el mantener hasta hoy -gracias sobre todo a mi trabajo de escritura- el monólogo interior con mi propia lengua materna en un entorno lingüístico extranjero y además bilingüe y en la frontera entre lo latino y lo germánico que es el que ofrece el caso belga. Y por eso me considero testigo privilegiado más que muchos otros desde luego de la evolución del idioma entre españoles, hablado como escrito, en las nuevas generaciones mas jóvenes sobre todo.

E Ynestrillas que como ya dije es mucho más joven que yo utiliza un castellano de hoy que me hacia gracia a veces. Por los giros y por las expresiones. Eso de "friki" por ejemplo; a dos velas lo confieso, desde que empecé a leerla entrando en foros del mundillo azul (o patriota) Y se diría que la palabra me resbala porque por más que hago consultas de urgencia en la red no consigo traducírmela para mi uso y consumo ni siquiera.

Un detalle nimio e insignificante a penas si se quiere, y no menos significativo a la vez de la distancia psicológica -sin nada de hostil por cierto- que entiendo mantener en relación al libro que estoy comentando y a su autor, y en particular a ciertas partes de aquél que en esta entrada abordar pretendo.

Y lo que me permite aprovecharlo en mi enfoque critico lo es el sentirme completamente identificado con él en cosas fundamentales, y para comenzar en el homenaje sincero que siempre rendí en España como en el extranjero en mis blogs y no solo en ellos al padre de Ricardo, vilmente asesinado por la ETA con la mas que presumible complicidad -como su hijo denunció siempre- de la clase política propia al régimen democrático; a todos los niveles y hasta en las más altas instancias, de poderes y organismos integrantres del estado de derecho.

En una clima de sospecha generalizada hacia arriba además que no excluiría ni siquiera la persona del monarca. Estoy de acuerdo además con muchas cosas de lo que se expone y se denuncia en el libro que aquí estoy comentando y en particular en esa voluntad de acción política que trasluce a cada línea en la pluma -y en la trayectoria- de su autor, de hacer algo y no resignarse a vegetar a languidecer y a envejecer sin mas en suma, que es el espectáculo o la impresión dominante desde luego que dan -vistos desde mi observatorio o mirador un poco particular- los medios o el "mundillo" que Ricardo pone ahora en su libro en la picota.

La democracia por propia definición nos ofrece espacio político a todos, demócratas y no demócratas amigos o enemigos suyos, por más que históricamente no fuera a siempre así ni mucho menos, desde los tiempos incluso de la revolución francesa.

Es un hecho flagrante no obstante que en la España democrática y coronada de hoy unos tienen (mucho) más espacio político que otros. Y el que Ricardo Saénz de Ynestrillas reclame con fuerza y elocuencia como lo hace en su ultimo libro mas espacio político para él y para los que como él sienten y piensan sólo se merece el mas encendido de los elogios.

Y por todo ello me siento libre y a mis anchas a la hora de distanciarme un poco -en un espíritu de sano patriotismo, reforzado y depurado y madurado por los caminos de la critica (como escribió José Antonio)- de ciertas denuncias y acusaciones personales y nominativas que se permite en su libro, sobre todo en su segunda parte y en particular las que reserva a un cuarteto de nombres que emplaza de preferencia a muchísimos otros protagonistas con nombre propio del mundillo azul y patriota; y lo son Diego, Milá, Manolo y el Cojo (de Valencia) que no precisan de mas presentación porque aquí les conocen (casi) todos.

A Diego -todos aquí ya lo saben- lo conozco de mis años muy jóvenes y guardé de él una excelente impresión personal -pese a las discrepancias nuestras de entonces en razón de mi militancia en el FES- a lo que he preferido hasta hoy seguir siendo fiel frente a los dimes y diretes y los ataques declarados del que le veo objeto de unos años a esta parte.

Ricardo en su libro le cuelga un sobriquete -de testaferro- que dice todo y a la vez no dice nada o muy poco. Porque recuerdo que Diego entonces, cuando le conocí, ejercía la profesión de abogado, en asuntos de derecho laboral sobre todo.

Y a ese titulo y en su calidad de político en activo -presidente entonces de los círculos José Antonio- fue adquiriendo sin duda una experiencia de los engranajes del Estado a todos los niveles y en todos sus organismos y servicios y en particular en materia de impuestos y de seguridad social que le serian sin duda preciosos en un plano profesional más tarde habida cuenta que el Estado (español) siguió siendo el mismo antes y después de una transición que evito "in extremis" una "ruptura democrática" como la que buscaban a todo precio los extremistas de izquierda (y los etarras)

¿Se puede pues, en todo rigor, el reprocharle que se sirviera de una situación profesional estable sino brillante y sin duda laboriosamente adquirida para garantizarse a sí mismo y poder savaguardar a la vez hasta hoy el espacio político (estrecho) -que heredaría- que ha venido ocupando nollens vollens hasta ahora durante tanto tiempo, mientras que otros (y no me refiero a Ricardo en concreto) no supieron hacerlo (por lo que fuera)? (...)

De practicas de capitalismo salvaje, más exactamente de colusión con las mismas le acusa Ricardo en su libro. De "contratestimonio" en suma (por emplear el lenguaje favorito de la iglesia del concilio) Pero no me va a decir el denunciante que su condena del capitalismo -tal y como se ve plasmada en ese tipo de ataque y acusaciones- llega a los extremos sectarios e inquisitoriales (y subversivos) de los teólogos de la liberación, que lo identifican con el mal absoluto, moralmente condenable en cualquiera de sus formas (...)

Porque si así fuera quiere decirse que Ricardo habría acabado introduciendo un elemento nuevo -de clericalismo (de izquierdas)- en su perfil político, de natura radicalmente distinta de la apostasía (sic) que asume y justifica (fehacientemente) en las ultimas paginas del libro. Lo que no me creo en absoluto.

A Diego se le puede en cambio reprochar políticamente -como lo vengo haciendo desde hace rato en este blog y no sólo- el tolerar el sacrifico en la práctica de toda un generación intermedia en la que me incluyo, en provecho de una operación sucesoria -al interior del partido- como la que a todas luces sigue adelante bajo sus auspicios.

Y también por supuesto ese antifranquismo militante tan ostentoso del que hace gala FE de las JONS los tiempos que corren -en un reciente comunicado suyo sobre el 20 de Noviembre por ejemplo- que causa instintivamente un tanto sonrojo en los que tratamos a Diego entonces -antes de la muerte de Franco- y conocemos la verdad (con mayúsculas) (...)

O la cortada que ni pintada que parecen ofrecerles ahora, a él y a la organización que dirige (y al acabo de la película) ciertas figuras de falangistas individuales (y mas o menos controvertidas) -Ceferino Maestú, Narciso Perales o incluso Manuel Hedilla- como si estuvieran precisados, él y la organización que dirige, de un suplemento o un añadido de legitimidad histórica (joseantoniana o falangista) a falta de querer asumir de una vez por todas el nombre que ostentan en bloque -sin complejos y sin tapujos- en todo lo que de cerca o de lejos representa, anclado en lo mas hondo de la memoria colectiva.

Y me refiero en concreto a los tres años de guerra civil; desde el 18 de Julio hasta el primero de Abril y a la posguerra heroica, años cuarenta; incluso el episodio -al final de la década- de la victoria contra el maquis (comunista)

A Milá, otro de los encartados en el pliego de acusaciones de Ynestrillas, no creo conocerle personalmente por más que sea de mi misma edad, de lo que tengo entendido. He oído desde hace años por cierto toda clase de horrores por su cuenta, en los que el libro que aquí comento viene a abundar ahora de la forma mas prolija. Agente doble, triple, -¿más que lo fue el papa polaco?- chivato, confidente; y peor aún, autor supuesto del atentado de Bolonia la mayor mortandad en materia de terrorismo urbano en el mundo de la posguerra antes del 11 de Septiembre (...)

Y a falta de pruebas en ese asunto suspendo de inmediato mi juicio por supuesto; tanto más que mi escepticismo o incredulidad se ven acrecentados por el nombre que Ricardo cita en su libro a modo de exorcismo contra el falangista catalán aludido que tanto detesta.

Y es el de Stefano Delle Chiae al que seguí un poco la pista desde mi tiempos del seminario de Econe, que contaba con un grupo de seminaristas italianos en la órbita "grosso modo" todos ellos de los medios neofascistas -o muy de derechas- italianos. Y también por el detalle todo menos baladí que mi nombre se vió asociado durante años al suyo en la pagina web de una oficina cualquiera sita en Estados Unidos, especializada en el terrorismo (sic) de extrema derecha que nos asociaba por razones tal vez de simpatía acústica o "ambiental" en exclusiva.

Porque repito que no tuve contacto con él ni lo vi nunca en mi vida. Y Delle Chiae, le recuerdo a Ricardo que se vio absuelto de todos los cargos por falta de pruebas en el juicio por el atentado de Bolonia tras haber sido extraditado -desde Francia donde se encontraba (en mis tiempos de Econe)- al cabo de una espectacular caza al hombre con linchamiento incluido en los medios, "urbi et orbe, con pocos parangones en la historia de la lucha mundial contra el terrorismo.

Suspensión de juicio pues el mío en relación con Ernesto Milá en ese y en otros temas. Y me corrobora en mi actitud de circunspección y prudencia acerca suyo el blog a su nombre en el que entro de pascuas a ramos -en el marco de las búsquedas en pos de documentación que me exigen estas entradas- pero que siempre me impresionó mucho por la lucidez de sus análisis y por la carga de documentación (histórica) desde luego propiamente inaudita, y justa y certera en ciertos asuntos que me conozco más en detalle.

Lo que le lei una vez por ejemplo -datos fechas y nombres prolijos y a cual mas preciso- del nacionalismo argentino de la década de los sesenta y de los setenta en relación con el movimiento Tacuara algo que me ocupaba mucho, y me fascinaba -hasta el punto de no hablar casi de otra cosa (...)- en mi conversaciones con amigos y camaradas , en especial con uno de ellos de origen argentino ,de muy joven.

¿Confidente Milá de servicios cualesquiera? Tal vez, no lo excluyo. De noche todos los gatos son pardos y en la España de hoy políticamente hablando "es" de noche desde hace más de cuarenta años. Pero si acaso un informante del más alto nivel (intelectual y literario), eso desde luego (...) Al que Ricardo -tras su asalto- dejaría, según testigos presenciales, en un estado francamente lamentable.

A Manolo en cambio (jefe nacional de FE-La Falange) , de la misma generación que Ricardo por las trazas, no le conozco mas que por Internet o de oídas a penas. En el libro se ve acusado de lo mismo que al otro más o menos -en menos grave y deshonroso- y de un detalle sobre todo que le sirve a su autor de indicio infalible y lo es la desenvoltura -y ostentación incluso- de la que habitualmente solía o suele hacer gala portando arma de fuego.

Policías en civil no obstante adolecen aquí en Bélgica de antiguo de lo mismo como me ocurrió con uno de ellos una vez en la estación central de Bruselas, hace ya algunos años, al que me permití hacer una observación (en broma) al respecto -por lo flagrante y escandaloso de la cosa- tras lo que me amenazó pidiéndome la documentación a lo que reaccioné amenazándole a mi vez con un escandalo allí mismo delante del numeroso publico que entraba y salía por el "hall" de la estación en aquellos precisos momentos. Tras lo cual me dejó tranquilo.

No vivo en España y no sé cual sea la tónica dominante hoy por hoy en la materia, entre civiles como entre policías; pero recuerdo de visitas anteriores hace ya años, el barrio del domicilio de mis padres vigilado a diario por "jeeps" de la policía militar en prevención de atentados terroristas. No entro al trapo de ese asunto por consiguiente tampoco.

Y me he dejado "ex professo" para el final el caso mas ruidoso y de mayor colorido -con mucho- de todos los que denuncia Ricardo en su libro, porque el personaje en la presentación exhaustiva que de él hace el libro -al que tampoco conozco- , desde luego que se lo merece. Hasta el punto que al final se salva, se diría, por la vía literaria aunque solo sea.

¡Una figura a la altura de los tipos mejor logrados -en busca todos ellos de redención- de las "novelas negras" del norteamericano James Ellroy del que me ocupé ya aquí en algunas de mi entradas, el personaje literario y a la vez real ya digo que responde al mote del Cojo (de Valencia)! El proxenetismo es una práctica infamante y deshonrosa...siempre que se vea (directamente) probada. Y el ser propietario o responsable de bares de alterne -por muchos que sean- no lo supone automáticamente desde luego.

Y en el caso del Cojo no es de excluir que así sea -no lo conozco- pero también se merece el beneficio de la duda en razón como mínimo de la etiqueta -bien ganada- de extrema/derecha que le acompaña a sol y a sombra desde siempre (de cara a la opinión pública me refiero), por las trazas. Desde sus tiempos de militante en las Juntas Españolas (fundadas por José Antonio Girón) lo que le sitúa "ipso facto" en la España de hoy en una situación flagrante de indefensión por razón de ideología, indiscutible e injustificada.

Ricardo en su libro refuerza sus acusaciones con testimonios que se pueden poner legítimamente en entredicho por razón aunque sea de los antecedentes penales del testigo que ofrece el de mayor importancia y trascendencia y gravedad (cargado de muertos) de todos ellos. Por más que la experiencia directa, personal e intransferible -la que Ricardo arrastra de sus (nueve) años preso me refiero- sea en cierto modo insustituible, estamos de acuerdo.

Pero la suya no es única, conviendrá conmigo también. El "capitán Roby" seudónimo (por la vía de la usurpación a una persona ya fallecida, militar, en hechos de armas en Angola) de un recluso de gran fama en su país entonces, con el que tuve un serio enfrentamiento en la cárcel portuguesa -le dejé con el rostro sangrando, cuando nos separaron- arrastraba también una fama análoga. Pero él se veía convicto y condenado por ese motivo, lo que no parece ser hasta ahora el caso del Cojo de Valencia.

Y me reafirma y corrobora en mi impresión a cerca suyo una consideración del tipo -una vez más- histórico o memorialista. Y fue la mala reputación -de libertinaje, de inmoralidad- que tanto réditos políticos granearía a sus enemigos (mayormente del Opus Dei) que arrastraba la Falange del régimen y en particular algunas de las figuras mas emblemáticas de franco/falangistas como lo fueron José Antonio Girón o Luis González Vicén, falangistas, y antes, jonsistas o nacionalsindicalistas de la primera hora.

Y en el nombre de ellos que me siguen mereciendo un respeto como aquí ya saben me permito, también en este caso del Cojo (de Valencia) -y que Ricardo no me lo tome a mal-, el no arrojar la piedra (para que no se vuelva en contra mía aunque sólo sea)

Extraido de "Las Crónicas de Juan Fernandez Krohn" en periodista digital.




25.11.10

En busca de una nueva enseña patria (el último libro de Ynestrillas) (1)

Más rápido de lo que me esperaba. Acabo de recibir a domicilio -por intermedio familiar-, aquí en Bruselas, el libro reciente de Ricardo Saénz de Ynestrillas, "La Reconquista del Estado" que pedí vía internet hace unos días. Lo he estado leyendo a salto de mata -un poco febrilmente lo confieso- robándole minutos a mis ocupaciones habituales y aun sin haber terminado todavía de leerlo del todo no me resisto a verter ya aquí, en caliente, los primeros comentarios que me merece.  

Presentación del autor para comenzar y antes que nada. Conocí a Ricardo Sáenz de Ynestrillas completamente por casualidad por vuelta de 1993, el mes de septiembre creo recordar -tras verse absuelto de la muerte de un etarra-, a la salida de la boca de metro madrileña de Tribunal cuando lo reconocí entre los transeúntes y le abordé (dándome a conocer) entablando una breve charla con él de unos minutos.

Nunca más le volví a ver. En cambio, casi no dejé de oír hablar de él desde entonces. Para mal, la mayor parte de las ocasiones, lo reconozco. La instantánea de mayor peso especifico en mí por cuenta suya sin embargo, de todos los años transcurridos después de nuestro fugaz encuentro, lo sea sin duda su alocución en la plaza madrileña de San Juan de la Cruz, la segunda mitad de la década de los noventa ante un gentío considerable concentrado en un acto conmemorativo (creo recordar que en aniversario del 20 de Noviembre) Poco después vendría a hundirse otra vez -como el Guadiana- tras verse condenado por culpa de un incidente de notoriedad pública.

Y sin querer adentrarme en los detalles mas o menos oscuros o encubiertos de aquel asunto tan sospechoso a fuer de poco esclarecido, me quedó la idea hasta hoy de una condena como caída del cielo por lo oportuna. En el momento preciso que parecía surgir un líder joven y creíble que defendía ideales transparentes y plantaba cara a los mandamases del régimen democrático con una lenguaje claro y sin tapujos sin ahorrar la persona del monarca como lo probarían las palabras mas repercutidas en la prensa de las que pronunció entonces, que precedieron de poco a su condena (...)

El libro de Ricardo, en la impresión que me merece ahora, así de primeras, tras una primera lectura rápida como a boca de jarro es la confesión (sincera) de un político irredento en búsqueda de credibilidad o de recuperar la que había perdido y a fe mía que lo consigue. Nunca me dejé impresionar desde luego por los linchamientos periódicos de los que el hijo del teniente coronel asesinado por la ETA se vería víctima, antes los que siempre me venía -como es lógico dirán sin duda aquí algunos de mis lectores- la misma reacción a la mente, como un movimiento reflejo (de "esto ya me lo conozco")

Pero no es menos cierto que no conseguía yo superar tampoco la barrera o distancia que me separaba de esta figura tan discutida de la política española en las dos últimas décadas, "grosso modo" el tiempo que habré yo vivido fuera en una expatriación semi/forzosa. Y sin duda por una razón simple de cronología.

Ricardo Saénz de Ynestrillas es una generación más joven que yo. Diez y seis años mas joven, para ser exactos. Formó parte -por lo que sé de su trayectoria- de la generación de gente joven que consiguió aglutinar el movimiento de Fuerza Nueva de Blas Piñar en torno suyo en los años de la transición política, que protagonizaron sin duda un fenómeno político y de sociedad que por muerto y enterrado no permanece menos vivo en el recuerdo de algunos como es mi caso.

"Al tercer año resucitó" era el título de una de las novelas de aquellos años -un autentico "best-seller"- del escritor Fernando Vizcaíno Casas hoy tan olvidado en la historia de la literatura y en la opinión pública y el mercado editorial como el fenómeno que aquí evoco. Y el gran novelista se refería sin duda a ese resurgir de franquismo/residual como se le llamaría en los medios, que llegó a tomar la calle en auténticas riadas humanas, en especial de gente joven, en un periodo cronológico que va -creo recordar- de la manifestación impresionante (millonaria) -en la idea al menos que me quedó a través de los medios y del testimonio de terceros- del palacio de Oriente de 1977, y el fracaso del golpe de estado del 23-F.

No participé de aquel movimiento o corriente de opinión. Ni siquiera interiormente, lo confieso. Para entonces estaba yo ya en Ecône y recuerdo que vestido de sotana/rigurosa de la FSSPX fajín al viento y alzacuello blanco, en una de mis visitas a Madrid, me crucé casi sin quererlo y buscando a esquivarlos más bien con una de aquellas manfiestaciones "ultras" o "fachas" como las tenían catalogadas o estampilladas sus adversarios -como con aluvión que lo invadía todo entonces- y un poco sin comerlo ni beberlo me vi fotografiado en primer plano justo a seguir en la revista Fuerza Nueva, como no dejaría de recordarse en los medios -e incluso por la vía judicial- cuando me detuvieron en Fátima.

Políticamente arrastraba yo ya entonces un pasado político precoz -en el FES- que me acompañaría sin descanso siempre hasta hoy, como en este blog y en particular en sus últimas entradas se habrá puesto (un poco espectacularmente) de manifiesto. Y fue eso sin duda -en parte al menos-lo que me vetó el tomar parte activa, ni de cerca ni de lejos, en aquel rebrote impetuoso de neo/franquismo como cabria calificarlo.

El libro de Ricardo que cae ahora en mis manos es elocuente y revelador, tal vez mas que por lo que dice por lo que calla o lo que deja transparecer entre sus paginas...y en su portada. Un mosaico de colores y de banderas mas que otra cosa. La rojigualda, la tricolor, y la Unión Jack inglesa al lado de la ikurriña separatista. Todo un programa o si se prefiere, la vía libre o la puerta abierta a toda clase de ocurrencias (y sugerencias) (...)
Porque está claro que lo que la portada de este libro anuncia o destapa es que su autor se encuentra en búsqueda (urgente) de nuevos estandartes; de una nueva bandera en suma. He estado leyendo y releyendo con cuidado los pasajes que dedica al tema en las primeras paginas del libro y concuerdo (en el fondo) desde luego con lo que dice sin pena alguna.
Los españoles adolecemos de una necesidad acuciante de nuevas banderas, de una nueva enseña patria dicho en crudo- que catalice y a la vez ejemplifique esa catarsis de patriotismo reconciliador que muchos venimos persiguiendo hace rato de forma mas o menos consciente. Y esa urgencia se percibe sin duda mucho mas nítido y claro si se reside como es mi caso -hace ya tanto- en el extranjero.

Y era sin duda el sentimiento dominante que me embargaba (y me oprimía y abrumaba a la vez) va hacer ahora dos años y medio asistiendo acompañado de mi hijo a manifestaciones de alegría colectiva de los españoles aquí residentes tras proclamarnos campeones de Europa de fútbol, a la vista de aquella marea de banderas roja/y/gualdas constitucionales que no conseguían contrarrestar los escasos toros de Osborne que se distinguían entre la pequeña multitud concentrada en el centro de Bruselas.

Como si desde los embajada o los servicios consulares una consigna urgente y precisa hubiera sido ansmitida entre la comunidad emigrante y cumplida a rajatabla de forma que el espectáculo ruidoso -de toros bravos-de encuentros anteriores en las semanas precedentes diera paso de una vez por todas -como/debía/ser- a la vuelta de la normalidad constitucional (y democrática)

Lo que frustraba fatalmente -en gran medida- mi identificación con aquella multitud de oriundos (de la emigración) de los que seguía sintiéndome -¡ay dolor!- tan lejano como hasta entonces por mas que tuviéramos todos el mismo nombre de España en la boca. La enseña debe identificar, antes de todo y mas que otra cosa. Y el libro que aquí estoy comentando tiene toda la razón en ese punto. Y si no consigue hacerlo debe dejar paso a otra cosa, a nuevos estandartes o banderas.

La roja y gualda arrastra un lastre abrumador insuperable de equívocos y maentendidos. Incluso en su forma preconstitucional, hay que reconocerlo. El águila de San Juan -lo que aprendo ahora- fue el escudo de la casa real de Trastámara, vencedores -tras el asesinato (fratricida) del rey legítimo Don Pedro I- de la primera guerra civil castellana, la madre de todas las guerras civiles de nuestra historia, como aquí ya lo dejé sentado. Lo que se ve fatalmente cargado de sobreentendidos. Y la bandera en sí, su color -el rojo/y/gualda- es de importación borbónica, lo que ya sabíamos pero siempre acatamos (más o menos) hasta ahora.
Como acataron -mutatis mutandis- muchos monárquicos franceses ("royalistes") la enseña tricolor francesa/republicana que no dejaría de representar al conjunto de la nación -a izquierdas como a derechas- tras la revolución francesa. A falta de otra cosa (...)
Pero entonces -replicarán de inmediato algunos- no nos queda mas que "la otra", la tricolor (española) republicana. Y ahí estribaba para mí principalmente el problema que creo haber resuelto tras la lectura (precipitada) de las páginas del libro que aquí comento.

Ricardo Sáenz de Ynestrillas no necesita presentación ninguna ni él ni su familia. Quiere decir que no se da en él con certeza el choque o conflicto de memorias antagónicas -en relación con la guerra civil del 36-que se deja traslucir mas o menos visible en otros casos, procedentes "grosso modo" de un mundillo análogo al suyo ("azul" o "patriota") y pienso en particular en antiguos miembros (y fundadores) del FES a los que me habré venido refiriéndome en mi blog con ocasión de recientes polémicas.
Y por eso sin duda me intrigaba y me llamaba la atención sobre manera su preferencia o su "debilidad" si se prefiere por la bandera (tricolor) de la II República. Argumentos históricos desde luego no le faltan. Dos de peso sobre todo. El que fuera la bandera que enarboló la Falange naciente en una manifestación en la puerta del Sol al día siguiente del fracaso de la tentativa separatista en Cataluña -tras el estallido de la revolución de octubre del 34 en Asturias - que encabezaban Ramiro y José Antonio todavía juntos (...)

Y otro factor digno de consideración lo es -en segundo lugar- que su origen primero, lo que aprendo ahora también, antes de convertirse en la nueva enseña nacional tras el 14 de Abril lo fuera el Partido Radical de Don Alejandro Lerroux, uno de los padres de la II república.

Al que cabe incluir no obstante por más que no viviera directamente el conflicto -refugiado en Lisboa para salvar el pellejo (bajo el Estado Novo) desde los primeros momentos del Alzamiento- entre "el pequeño resto de perdedores honorables de la guerra civil (y de la república)", como escribí en uno de mis escritos (confidenciales) sobre la guerra civil española los primeros tiempos de mi estancia en Bélgica, en alusión especialmente al sector de orientación liberal y de extracción social burguesa minoritario en el campo de las izquierdas.

Y a ese titulo la enseña tricolor entra -concedo- dentro del orden de lo recuperable (lo que no es el caso por supuesto de la bandera roja de los comunistas) Por mas que pesen sobre ella las admoniciones joseantonianas contra "las internacionales de Amsterdam" (etcétera, etcétera) Pero la portada del libro de Ynestrillas no es propiamente tricolor, sino un mosaico abigarrado ya digo. Sugerente y sugestivo.

Y me inspira...me recuerda que me diga, no poco así a primera vista. La cruz de San Andres -en rojo- de la que precede la bandera vasca (si se hace abstracción de su impronta inglesa) Y también un pasado remoto -y su llamada no menos apremiante e imperiosa- anterior a los Trastámara, de la España de "los cinco reynos" de la Edad Media, de la Reconquista. Y me viene a la mente no menos fatalmente el recuerdo de la TFP brasileña víctima de implosión tras la muerte de su fundador, el profesor Plinio.

Porque si se le quita todo lo rancio y excesivamente ceremonioso (y anacrónico, y "reaccionario) que fatalmente arrastraba hay que reconocer que los estandartes "luisiadas" tan vistosos de la TFP, y sus borlas y cordones, flotando al viento majestuosos -como yo los vi un tanto absorto en la puerta del Sol al final del tardo/franquismo- fueron tal vez el mayor logro de aquel movimiento, llamado a perdurar en el recuerdo.
Y con eso creo que están reunidos todos los materiales capaces de dar a basto a la imaginación del artista. Elementos para un diseño: lo que inspira a un neófito en temas de heráldica nobiliaria esta primera lectura del libro de Ricardo Sáenz de Ynestrillas (para dejarnos de eufemismos)

El morado medieval con sabor a estandartes y pendones de Castilla. Los (dos) bastones de Borgoña, enseña del Imperio español por estas tierras. Y el rojo y el negro, básicos y elementales, por supuesto.

Qui capit capiat (el que pueda entender que entienda, y se aplique el cuento por cierto)

(de "Las Crónicas de Juan Fernández Krohn, en periodista digital)

23.11.10

Hay que concluir la tarea que José Antonio empezó (por Ceferino L. Maestú)


La Falange de José Antonio murió con él, y con Manuel Mateo y Ruiz de Alda.

De los que estuvieron en el mitin del teatro de la comedia, ya se habían ido los partidarios de su padre, los fascistas de Ansaldo, los monárquicos del Marqués de la Eliseda y hasta Ramiro Ledesma. En las vísperas de las elecciones de 1936, estuvieron a punto de romper los de Raimundo Fernández Cuesta y cuantos querían la alianza con la derecha filo fascista de José María Gil Robles.

En poco más de tres años, José Antonio Primo de Rivera había evolucionado, radicalizándose en el propósito de la Revolución, de un cambio social y económico profundo.
Para ello, intentó el entendimiento con socialistas no marxistas, como Indalecio Prieto, y con sindicalistas no anarquistas como Ángel Pestaña. Ya tenían a su lado a excomunistas como Manuel Mateo y a libertarios como el hermano de Durruti.

Pero no le dio tiempo para más y le fusilaron en la cárcel de Alicante, aquel 20 de Noviembre de 1936.

La sublevación militar del 18 de Julio cogió al ejército casi desnudo, sin soldados. Recurrieron a los falangistas como banderín de encuadramiento juvenil y dispusieron de cien mil combatientes de camisas azules y banderas rojo y negro. Lo que sabían de la ideología joseantoniana era poco más que la camisa y la canción.

A quienes conocían lo que José Antonio quiso no les fue bien. Hedilla, elegido nuevo Jefe nacional, Franco le condenó a muerte; al hermano de Durruti, al que el propio José Antonio avaló, lo fusilaron así como a Nicasio Álvarez Sotomayor, primer jefe nacional de los Sindicatos.

Y se inició una serie de asesinatos sin juicio ni condena para lo que utilizaban a los vestidos de camisa azul porque los militares no se fiaban de sus soldados o no tenían.
En todo ello, jugaba un papel principal el proderechista Raimundo Fernández Cuesta y el gilroblista Serrano Suñer. Su Falange, la de Franco, no era la de José Antonio. Llevaba la camisa azul y cantaba el “Cara al sol”, pero la farsa se quedaba allí.

Sin los cien mil de aquella Falange y los 60.000 requetés, el ejército no habría podido ganar, pero ni los tradicionalistas pudieron coronar a su rey ni los que estaban en la Falange de Franco hacer la revolución.

Franco, elegido por un grupo de militares para presidir el gobierno provisional, se autodenominó caudillo, jefe del estado. Y quemó lo que quedaba de la Falange, arrastrando sus símbolos por el barro, comprometiéndola en su política derechista, sin acceder al pleno poder.

Y se murió porque se tenía que morir. Su régimen político se hundió, y la Falange Tradicionalista con el.

Leales al mensaje de José Antonio, han intentado después salvar la Falange, pero no lo han logrado, porque su nombre estaba vinculado a un régimen dictatorial que ni hizo la Revolución Social ni “resolvió”, sino agudizó, el problema del nacionalismo regional.

La Falange no fue un fin sino un instrumento, y si murió con José Antonio y no vino después, quienes aspiran a defender y lograr el cambio social tenemos que encontrar otra punta de lanza para ello.

El romanticismo y la nostalgia no sirven. ¿Qué es lo que José Antonio haría en la España de hoy?

Cuando se vivía en la república, una grave crisis con miles de parados, se jugó la vida por ellos, por resolver sus problemas. Puede que, en el recuerdo de aquella movilización, nos esté dando pistas de lo que habría que hacer ya.

Ante un 20 de Noviembre, el día en que lo fusilaron en Alicante, bueno es aclarar y hacer lo que España necesita. Las coronas vienen bien a los muertos, pero no para José Antonio, que está vivo y puede estarlo mucho más.

19.11.10

20-N: Dos hombres y un destino

La Providencia quiso que el 20 de noviembre de 1936 fuera la malhadada fecha que pusiera fin a las ansias revolucionarias y sindicalistas de dos hombres auténticos: José Antonio Primo de Rivera y Buenaventura Durruti.

Ambos líderes, cada uno en un bando, se enfrentaron a la incomprensión de un lado y la saña del otro. Los dos luchaban por la redención de los obreros de la miseria y la esclavitud, por su definitiva liberación revolucionaria, que dispusiese los instrumentos de la producción directamente en manos de los trabajadores y que los elevase a la condición de propietarios mediante la explotación individual, familiar, social y colectiva; autogestionaria y sindicalista.

Nacionalsindicalista uno, anarcosindicalista el otro, revolucionarios los dos. Luchadores incombustibles, sacrificados y comprometidos...hasta la muerte. Que los hermanó del mismo modo que dos hermanos de Buenaventura (Manuel y Pedro) militaban en la Falange de José Antonio.


El destino quiso unirlos en sus inquietudes, en sus aspiraciones, en sus sacrificios y hasta en su muerte, violenta y absurda, provocada por los mismos que decían estar de su lado. Murieron ambos bajo los colores, rojo y negro, de sus banderas. Y ambos estarán, allá en lo alto, montando la eterna guardia en los luceros que han de alumbrar la Revolución pendiente que nos traiga una Nueva España.

Ojalá su sacrificio sirva de ejemplo y permita que los revolucionarios y sindicalistas españoles se hermanen juntos por la Justicia Social, frente a la opresión capitalista.

José Antonio Primo de Rivera, ¡Presente!
Buenaventura Durruti, ¡Presente!

Un año más, INSISTIMOS:"Liquidar el 20-N"

Hace mucho tiempo que siento que algunas fechas del calendario, de puro trasegadas, manidas y utilizadas, han perdido su razón de ser...si es que alguna vez la tuvieron.

Hace bastantes años, cuando, en compañía de algunos compañeros de viaje, fundé y dirigí el MSE (Movimiento Social Español), y después el AUN (Alianza por la Unidad Nacional), nos planteamoss modificar abruptamente la estrategia folclórico-fachista de los "movimientos patrióticos" y para ello romper de forma ostensible con la algarada derechista del 20-N. Estudiados todos los razonamientos se impuso uno que, dado lo escaso de nuestros recursos, nos hizo replantearnos la cuestión, a saber: la fecha del 20-N poseía, por sí misma, una capacidad de convocatoria tal que teníamos que aprovecharla de la manera más beneficiosa.

Confieso que terminé por aceptar la celebración del acto en las fechas del 20-N, pero no sin darle nuestro particular matiz a la fecha: en primer lugar, no mencionaría, en mi discurso, ningún nombre de los supuestos homenajeados sino que aprovecharíamos la inercia de la propia convocatoria para, impulsándola con todas nuestras fuerzas, difundir un mensaje renovador, revolucionario y netamente político, sin nostalgias ni lloriqueos banales y caducos.

Eliminaríamos, en lo posible, la presentación folclórica y transformaríamos esa fecha, de pura conmemoración religioso-nostálgica, en otra de reivindicación política y social. De hecho, lo asumo, contribuímos a resucitar una fecha que, en lo político, estaba prácticamente muerta. Pensamos que podíamos invertir la inercia de los acontecimientos y modificarlos estratégicamente. Nos equivocamos.

Hoy, pasados los años, reconozco que nos equivocamos. Aún así, distanciamos de tal manera nuestras posturas que, por primera vez en la Historia, se celebraron, simultáneamente, en Madrid, dos actos públicos con ocasión del 20 de Noviembre: uno, de contenido meapilón y derechista, con la Confederación de EX combatientes y todo ese gentío esperpéntico que cada 20-N se disfraza, materialmente, de soldadito de plomo pastelero y se harta de levantar el brazo y el cubata y cantar, cual borrachera asturiana, cientos de Caralsoles en un par de horas. Los mismos que cada año votan y apoyan al Partido Popular más impopular del mundo, con toda la parafernalia de cruces, banderas, misas y desfiles improvisados de "facha 20-N", gafas Ray-ban y guantes de cuero incorporados. Y otro, con un carácter todo lo ascético y sobrio posible, con discurso político y reivindicación revolucionaria, que celebramos varios años seguidos en la plaza de San Juan de la Cruz.

Ya he dicho antes que, con todo y con eso, erramos. Pensamos que podríamos romper esa dinámica de folclore inane, vacuo, y fetichismo trasnochado, y convertirlo en una jornada revolucionaria. Pero la fuerza de la inercia, y la poca consistencia de nuestras organizaciones, personas y mensajes no ha podido resquebrajar, ni un poquito, todo lo que de arcaico e hipócrita tiene esa fecha, celebrada, en su mayor parte, por los votantes más reaccionarios y retrógrados de España.

Se viene insistiendo, en los últimos años, en la necesidad de convocatorias hiper-mega-extraordinarias que "planten cara" a la inconmensurable afrenta que implica la Ley de Memoria Histórica. Pero el resultado sigue siendo más facherío hipócrita, mas nostalgia, más reaccionarismo y más folclore vacío de contenido y que provoca la vergüenza ajena en quienes hemos mantenido, y mantenemos, razones muy distintas para conmemorar el fusilamiento injusto de nuestro fundador.

Es por ello -discúlpenme todos cuantos bien intencionados, que los hay, pocos pero los hay, acuden a recordar la figura siempre entrañable de José Antonio- que estoy en el convencimiento de que hay que liquidar el 20-N. Esta fecha solo arroja vacuidad, ridiculez, manipulación y el folclore más retrogrado, bochornoso y carca a la memoria de Primo de Rivera, con el acompañamiento -mientras la Guardia Civil no las solicite- coreográfico de nuestras camisas azules. Esta prenda de uniforme, hoy día, en función de quienes mayoritariamente la lucen, sólo representa derecha y manipulación de festejo verbenero. Disfraz de cantamañanas sin sentido. Trinchas y correajes en quienes serían incapaces de empuñar nada que exija un mínimo de compromiso o riesgo. Arroja confusión en quienes quisieran profundizar en los verdaderos entresijos del nacionalsindicalismo. Y arroja, por qué no decirlo, una oportunidad de oro para que todos los facha-pijos de 20-N, los "líderes" frustrados españoles y extranjeros, los escindidores, los cobardes, los separadores de toda la vida, den rienda suelta a sus más bajos, ridículos y aberrantes instintos.

El mejor homenaje al mensaje de José Antonio Primo de Rivera sería ahorrarle, cada 20 de noviembre, nuevas náuseas bajo su propia lápida.

17.11.10

La presencia de Sáenz de Ynestrillas obligó a reforzar la seguridad en la Audiencia Provincial de La Coruña

Es el abogado de un militar víctima de una agresión, que vinculó a grupos Antifascistas.


lavozdegalicia.es
La presencia del ultraderechista Ricardo Sáenz de Ynestrillas como abogado de la acusación particular ayer en un juicio que se celebró en la Audiencia Provincial de A Coruña hizo que se reforzara la seguridad en el edificio y en la sala de vistas.
Aunque agentes de la Policía Nacional escoltaron al letrado, no se registró ningún tipo de incidente.


En la sala el polémico abogado centró su alegado en hacer una defensa de las fuerzas armadas y de España en un juicio por una agresión en el que la víctima, que él representaba, era un militar y que intentó en todo momento vincular a la actuación de grupos Antifascistas. Aunque todos los testigos indicaron que hubo dos o tres agresores, en el banquillo de los acusados solo se sentó un joven, que rechazó las acusaciones.


Los hechos que se enjuiciaban ocurrieron en febrero del 2008, cuando un militar fue agredido cuando paseaba con un menor por unas personas que se bajaron de un coche al ver que llevaba puesto una prenda con la inscripción Tercios Españoles. El denunciante necesitó asistencia médica por los cortes que recibió en una mano, infringidos con una navaja, y por las heridas en la zona nasal.


El fiscal, tras escuchar a los testigos, elevó las penas que solicitaba inicialmente, reclamado cinco años de prisión por un delito de lesiones, por considerar que existió la agresión y que se produjo con abuso de superioridad. Asimismo, estimó que el incidente se produjo por motivos ideológicos, asumiendo la declaración de los testigos de que no se produjo un incidente verbal, pero mantuvo la petición de 8.384 euros por las secuelas.

«Un caso de libro»


Sáenz de Ynestrillas, por su parte, elevó su petición de pena a seis años y tres meses por un delito de lesiones, siete años y seis meses por el robo con violencia (ya que a la víctima le sustrajeron la cazadora) y 10.000 euros como reparación de las secuelas. «La causa de la agresión es de carácter político e ideológico. La agresión es solo porque era un militar español, un españolista, garante de la soberanía nacional», consideró y dijo que «es un caso de libro, un militar al que se detiene para insultar y agredir a las fuerzas del Estado», hecho que vinculó con acciones de grupos antifascistas o de colectivos independentistas.


La defensa del acusado, que reclamó su absolución, consideró en cambio que lo único que quedó acreditado es que hubo un incidente, «un cruce de palabras, una riña mutuamente consentida» y aunque admitió que existió un lesionado, discrepó del alcance de sus heridas, que consideró que no pueden considerarse como una deformidad. También rechazó que la víctima no pudiera reaccionar y esgrimió para ello que el menor que le acompañaba se apartó y no resultó implicado.


La letrada del procesado también rechazó el carácter político de los hechos. «Ser militar no inscribe a nadie en una ideología concreta», incidió para restar polémica al proceso y matizó que aunque su cliente cuenta con antecedentes policiales, no tiene ninguna condena.


El acusado de agredir a un militar alega que lo empujó porque se puso ´violento´.
http://www.laopinioncoruna.es/coruna/2010/11/17/acusado-agredir-militar-alega-empujo-puso-violento/439609.html

http://www.elidealgallego.com/index.php/periodico-impreso/a-coruna/10461-noticia-coruna

La Audiencia Provincial acogió ayer el juicio a un joven coruñés por un delito de lesiones a un militar y una falta de hurto ocurridos hace poco más de dos años en la calle de Cordelería. La acusación pide cuatro años y sostiene que el procesado llevaba una navaja que esgrimió contra la víctima y que le provocó a ésta heridas en la mano. El imputado, lejos de negar la existencia del cuchillo, reconoció que en la discusión medió un arma blanca, pero que fue el denunciante quien la sacó. Según su explicó, ése fue uno de los desencadenantes de “un forcejeo”, que terminó con la víctima cayendo y golpeándose contra la acera.
Pero la presencia policial en la calle de Monforte –poco habitual en estos casos– y la concentración de gente a las puertas del edificio, tenían poco que ver con el proceso y más con el letrado de la acusación particular, Ricardo Sáenz de Ynestrillas

Cuando se supo que el conocido ex líder político e ideológico de extrema derecha, que además ejerce la abogacía, sería el encargado de la causa, varias personas acudieron a la Audiencia para expresar su repulsa. Finalmente, no hubo que lamentar incidente alguno. 

En el escrito hecho público por la Fiscalía se recoge que al denunciante le preguntaron –asegura que fueron dos personas, aunque no se identificó al segundo– si era militar. Él explicó que un coche se paró a su lado y sus ocupantes le inquirieron sobre su profesión, debido a que llevaba una sudadera con la leyenda “tercios españoles”.


Por eso Sáenz de Ynestrillas hizo hincapié ayer en el aspecto político del delito y que éste tenía que ver con una animadversión hacia el ejército. Durante la declaración de uno de los testigos, amigo personal del denunciado, el penalista le preguntó de manera reiterada: “¿Se siente usted español? ¿Es usted independentista? ¿Considera al Ejército Español como un invasor?”. El magistrado encargado de la sección primera, sin embargo, no permitió ninguna de esas cuestiones: “No conteste. Agradecería al letrado que no prosiguiese por ahí”. 

Sí pudo responder cuando le inquirieron sobre el arma: “Él nunca lleva navaja”.


Declaró también, por videoconferencia, un joven que, según el ministerio público, acompañaba aquel día al denunciante. En su testimonio dijo no recordar que se le hubiese preguntado por su filiación castrense, aunque sí aseguró que “miraron” lo que ponía en la ropa. La defensa relató después cómo aquel domingo de febrero el reo vio a una persona colocando pegatinas en la calle cercana al Orzán. Al parecer, cuando las observó, se percató de que tenían un contenido xenófobo, por lo que le recriminó. Señala que, cuando éste le escuchó, tomó una actitud violenta y acto seguido le mostró la navaja.

14.11.10

Comunicado del Jefe Nacional de La Falange (FE)

Ante las imputaciones realizadas contra mi persona por el camarada Ricardo Sáenz de Ynestrillas en su último libro, niego ante mis militantes los hechos que sobre mi persona se imputan. Considero que dichas afirmaciones han sido puestas en conocimiento del camarada Ynestrillas por boca de terceros, a su vez desconocedores de los hechos acaecidos en las situaciones citadas, con el único objeto de desprestigiar a esta organización política y a sus jefes, como tiempo atrás se intento con otros Jefes Nacionales.
Desconozco si dicha conducta obedece a algún rencor que Ricardo pueda guardar contra quienes, contra lo que él manifiesta, nos seguimos considerando sus camaradas y le seguimos teniendo por tal, o bien obedece a otros intereses, entre los que no resulta descartable el lanzamiento de un nuevo movimiento político que, previa la confusión sembrada en nuestras filas, pretenda nutrirse de nuestra militancia y de nuestros simpatizantes.
Fdo:Manuel Andrino Lobo.
Jefe Nacional de FE-La Falange.

3.11.10

Goodbye PSOE (del blog de ANGEL GIMENO MARIN)

Fue un deseo utópico intentar cambiar el Partido Socialista de Madrid de los Zerolo, Segovia, Tomás Gómez, Barranco, Trinidad Rollán, Lissavetsky, etc., al igual que el PSOE de Zapatero, Alonso, Pajín, Valenciano, Aído y tantos otros, pero mereció la pena.

Hoy lo tengo muy claro. Hay que ayudar a cualquiera que pueda sacar a Zapatero de la Moncloa, llámense PP, UPyD o IU.

Hoy me voy con la conciencia tranquila, tras haber intentado aportar catarsis a un Partido en el que la mediocridad se ha instalado tanto en su cúpula como en toda la organización y en el que nadie denuncia que Zapatero se ha cargado el trabajo de los españoles a lo largo de cuarenta años.

El Sistema Político Español no puede sostenerse al haber entrado en quiebra todas y cada una de sus instituciones.

Nos hemos cargado el modelo productivo y el Estado de las Autonomías, la educación tiene perfiles tercermundistas, el Estado del Bienestar corre serio peligro y la partitocracia se ha convertido en el peor enemigo de los españoles.

El pésimo nivel de nuestros políticos con corrupción por todas partes, sumado al absentismo de la sociedad civil y la pérdida de lo todo tipo de valores pintan un horizonte negro como en ningún país europeo.
 
Hay que empezar un nuevo ciclo de nuestra vida política y económica antes de que sea demasiado tarde.

Habría que someter a Zapatero a un proceso de impeachment, con mayores motivos que los aducidos en EEUU contra Nixon.

Si Zapatero está enfermo, o presenta graves síntomas de estar enfermo, no puede continuar al frente del Gobierno, porque ha debilitado la unidad nacional, hace el ridículo con su política exterior y cada vez que habla es mayor el desprestigio de España.

No podemos permitir que un sentimiento de impotencia ante una pésima forma de gobernar hipoteque nuestro futuro y el de nuestros hijos.

Hay que cambiar todo de nuevo, especialmente nuestra forma de participar en la vida política.

Hace falta crear la masa crítica política suficiente para reformar y regenerar nuestras instituciones cambiando nuestra forma de vivir, de trabajar y defender nuestros legítimos intereses.

Hace falta salir a todas las calles en manifestaciones pacíficas a lo Gandhi, con un fin claro: acabar con métodos democráticos con el Sistema Político que nos dimos en la Transición y empezar de nuevo a Regenerar España.
 
El PSOE debe entrar en el cementerio de los Partidos Políticos cuanto antes

Todas las ideas que un día pudo tener el PSOE han muerto tras el terremoto de la mundialización. Como lo único que entienden sus cargos, es vivir de la política sin querer ver la destrucción de España como nación y el inicio de otro largo periodo de decadencia, hay que reducir su presencia en la vida política aprovechando todos los procesos electorales

El proceso de elección de los peores a los más altos cargos del Partido y el Gobierno, dirigen inevitablemente al PSOE con Zapatero al frente, al cementerio de los Partidos Políticos saturado de tumbas dónde duermen el sueño eterno organizaciones políticas que en los dos últimos siglos ilusionaron a pueblos enteros y hoy no los recuerda nadie.

¿Qué queda del comunismo, del anarquismo, de los partidos radicales? ¿Qué quedará del PSOE tras la dirección de Zapatero? Nada de nada. Ni tan siquiera el recuerdo.

Falsedades, engaños y políticas obsoletas

Por sus engaños y falsedades, por la renuncia a defender los intereses de sus votantes, por su travestismo, por desconocer y no intentar comprender la realidad, el socialismo español camina a su desaparición en el momento en el que el capitalismo ofrece su peor cara.

En la peor crisis económica de los últimos cien años, en vez de afrontarla y combatirla con planteamientos críticos, se ha dedicado a desarrollar un programa económico impuesto por los mercados financieros, que ha complementado con un programa social y de cambio de nuestras costumbres calcado del Libro Blanco del Gran Oriente Francés.
 
Esta desconexión con la realidad, unida a una navegación sin brújula, sin nadie preparado al frente del Partido y el Gobierno, conduce al PSOE sin remisión al cementerio de los partidos políticos que terminaron sin ideario, sin doctrina, sin orientación política alguna, pero sobre todo sin ninguna identidad.

Lo peor es que se está incubando un volcán de ira y violencia en la sociedad española al igual que sucedió hace noventa años.
No podemos permitirlo

La socialdemocracia europea y el PSOE están condenados a desaparecer
 
En 2002 había en Europa quince gobiernos socialdemócratas. Tras las próximas elecciones generales en Portugal, Grecia y España, no quedará ninguno.
 
Han sido incapaces de responder a la crisis económica y lo que es peor, se han hundido en el descrédito popular al aplicar los programas de austeridad decididos por los mercados financieros y la Unión Europea.

La conversión de Zapatero al socialiberalismo, impulsando las privatizaciones, reduciendo los presupuestos a costa del bienestar de los ciudadanos, destinando recursos a la salvación de Bancos quebrados, reduciendo salarios a los funcionarios, congelando las pensiones, preparando el aumento de la edad de jubilación y sobre todo aumentando las desigualdades y la precariedad de los ciudadanos, conducen al PSOE y a España a un callejón sin salida.
 
No es de recibo que el PSOE no sepa dirigirse a millones de ciudadanos en paro víctimas de la mundialización.
 
Es incomprensible que no busque soluciones a las multitudes de obreros desechados por las brutalidades del mundo postindustrial, que no se preocupe por los excluidos, milieuristas y jubilados en plena edad activa.
 
Es inadmisible que no hable tan siquiera de ese 43% de jóvenes menores de 25 años que no encuentran trabajo, ni de las ayer clases medias, hoy amenazadas por la miseria.

La socialdemocracia es culpable de que sus electores le den la espalda

Hasta mediados de los 80 cada vez que el capitalismo avanzaba, los socialistas apoyados por partidos de izquierda y sindicatos, daban respuestas originales mejorando la enseñanza, la sanidad, derecho a un empleo, Seguridad social, Estado social, Estado de bienestar…
 
Hoy día ya no queda lo más mínimo de aquella imaginación. La utopía social ha desaparecido de sus pensamientos.
 
En la mente de los dirigentes socialistas, al igual que en la de sus electores, el consumismo impera, así como el deseo de enriquecerse lo antes posible. No sólo no van a contracorriente sino que incluso lo defienden mediante la publicidad y los medios de comunicación manipulándolos a su antojo .
 
Si hay algo que preocupa a los dirigentes socialistas, es como conservar su puesto y vivir a costa del Partido o los Presupuestos.
 
Ha sido tal su dejadez que han permitido que hoy esté en peligro el Estado del Bienestar y que la sociedad empiece a sentir pánico cuando piensa en su futuro.
 
Para los europeos en general y para los españoles en particular la socialdemocracia está al final de su ciclo político.
 
No han entendido nada de lo que estaba pasando, mal podían aportar soluciones a los graves problemas de los ciudadanos.

España tiene problemas superiores a muchos países europeos, que no puede esperar le resuelvan desde fuera.
 
España necesita un proceso de regeneración total, una nueva Constitución, un nuevo modelo productivo y un nuevo Estado del Bienestar.
 
El proceso a poner en marcha es más importante si cabe que el que acometió en 1978, tras dotarnos de una nueva democracia.
 
La mediocridad de los dirigentes actuales del PSOE, con honrosas excepciones, les inhabilita para dirigir este proceso de transformaciones globales que hoy necesita España.
 
Continuar en el PSOE actual, es lastrar cualquier posibilidad de colaborar en la transformación de España.
 
Por eso me marcho sin acritud, pero con la conciencia tranquila, dejando a muchos amigos que desgraciadamente me comprenden, pero no están por librar esta dura y próxima batalla. Lo siento por ellos.
 
Saludos a todos

Angel Gimeno Marín es
Ex Miembro del Comité Regional por la Agrupación Fuencarral de Madrid.
Profesor, Ingeniero, Economista
Empresario, Máster en Economía y Alta Dirección
Miembro de Greenpeace
Ex Consejero de Economía y Hacienda de la Diputación General de Aragón

2.11.10

Al partir

Marcelino Camacho y los falangistas (de Jarabe Auténtico)

"Son una mafia. Ya no son un sindicato".

Ya en su vejez, alejado de la actividad, Marcelino ( q.e.p.d.) le hizo esa afirmación a su amigo y viejo cofundador de Comisiones Obreras, el falangista Ceferino Maestú, juzgando a los sindicatos de partido…aunque él continuó siendo comunista.

Y es que la historia es, casi siempre, compleja, llena de matices.

A Marcelino Camacho se le podrán discutir ideas, creencias y militancia, pero nadie puede negarle una vida entregada a la defensa de los trabajadores. Una vida vivida con austeridad y desinterés. Una vida compartida entre los talleres, la cárcel y la agitación; sin cruceros ni grandes restaurantes; sin subvenciones ni dependencia de las empresas ni de los gobiernos.

Una vida austeramente sostenida por los propios trabajadores a los que sirvió. Junto a Marcelino Camacho, el falangista Ceferino Maestú fundó, en 1964 la revista Sindicalismo, que acabó prohibida pero que supuso una concepción nueva, utópica, de una empresa en la que solo los trabajadores en sus distintos niveles fuera dueño… y que se concretaba en la cooperativa Ulgor (FAGOR) fundadada por su promotor, el cura Arizmendi Arrieta…desgraciadamente sumida posteriormente en el separatismo.

Aquellos sindicalistas variopintos nos reuníamos en un local mítico, el Café Lyón, de la calle de Alcalá de Madrid, en una inolvidable tertulia: “la Ballena Alegre”, adonde acudieron Marcelino Camacho, Julián Ariza y los hermanos Reboul, conviviendo y debatiendo amigablemente con Narciso Perales, González de Canales, Cantarero, Castro Villacañas y otros insignes falangistas revolucionarios o reformistas.

También la Ballena Alegre fue cerrada. Cuando aparece la primera Comisión, la del Metal de Madrid, los miembros de las Unión de Trabajadores Sindicalistas (los falangistas disidentes) estaban allí, participando en las reuniones de la Casa de Campo, y reclamando una revisión de lo que ahora se llama el IPC , previamente escandalosamente manipulado por el Instituto de Estadística.

Ahí nació con verdadera fuerza Comisiones Obreras, con curas, falangistas, católicos…y comunistas, mano con mano... aunque estos últimos aún no confesaban que lo eran.

Si decíamos al principio que la historia fue compleja, la actitud de Marcelino Camacho, empeñado en la defensa de los obreros, fue siempre insobornable, y nadie puede regateársela ahora. Salió triunfante en la orientación de Comisiones, frente a los falangistas, a los procedentes de la HOAC y a otros muchos colaboradores iniciales.Desde muy jovencito y hasta su último suspiro fue comunista. Pero esa ya es otra historia.

Fdo: Carlos León Roch