24.4.08

Suena el Clarín

Con sus bélicos sones de guerra, suena el clarín. Ello requiere la concurrencia -o aún mejor, el alistamiento inmediato- de todos cuantos se tienen por patriotas españoles y, desde luego, de todos cuantos -en una u otra organización- se sienten cautivados por el nacionalsindicalismo.
Fruto de pocas reuniones y de muchas actividades conjuntas, de infinidad de objetivos comunes y de todas las coincidencas ideológicas y programáticas; fruto de la misma comunión de estilos, de formas de ser, de conductas y de biotipo humano, el pasado lunes, 21 de Abril, ingresé en La Falange. Y no se me ocurre mejor manera de hacerlo que entrando a suceder al entrañable amigo y camarada que hasta ahora ha dirigido en ella la responsabilidad de la Acción Política: Nacho Menéndez. Hace muchos años que su famila y la mía quedaron indisolublemente unidas para la Historia y para el Destino. No en vano, su padre -Capitán de Navío Camilo Menéndez- y el mío -Comandante Ynestrillas- fueron grandes amigos y compañeros de viaje, montando ambos allá arriba la guardia sobre los luceros. Su familia y la mía participan desde entonces del mismo sentir.
Ahora me ha tocado, de nuevo, la suprema carga de asumir una importante responsabilidad política: Sacar a la Falange a la calle.
He empezado a palpar la maquinaria y a examinar su estado de conservación. Conjunto de milicias con un sólo objetivo. Se acabó la charla. Pasó el tiempo del sosegado debate. Ahora toca tensar los músculos como forzados arcos prestos a lanzar sus flechas. Y estar atentos al penetrante y glorioso toque del clarín. Para marchar gozosos bajo banderas de guerra, rojas y negras, de la pólvora y la sangre aun por derramar.