12.4.08

A la tercera, va la vencida: A por la República Nacional

La vieja España carga sobre sus hombros con una de las experiencias históricas, como nación, más prolongadas, difíciles y vitales de todo el mundo. Lustros y décadas de gloria y de martirio. Prolongadas épocas de traiciones y de entreguismo. Siglos nefastos entremezclados con las más doradas etapas de la Historia Universal.
Frente al Antiguo Régimen -me refiero, naturalmente, al de la Monarquía Absoluta-, el sistema demoliberal partitocrático presidido siempre por otra monarquía, la Monarquía Parlamentaria, falaz invento de quienes se aferran al privilegio hereditario sin asumir el riesgo del acierto o el error en las determinaciones, es decir, el peso de las responsabilidades, como todo aquel servidor público debiera.
Sólo, en toda nuestra milenaria Historia, hubo dos lapsos de tiempo durante los cuales la monarquía dejó de tener peso específico para pasar a decorar la galería de la Historia, con sus luces y sus sombras: La 1ª y la 2ª Repúblicas Españolas.
Ambas nacieron para devolverle a España la libertad y la ilusión de recuperar la fe en sus propios destinos. Ambas, provocadas por la inmerecida perpetuación de la dinastía nefanda de los Borbones. Ambas frustraron las esperanzas del pueblo español de su propia liberación porque en las dos, los separarismos locales -llamados en la 1ª cantonalismos- y regionales, y el autodenominado "liberalismo progresista" -lo que podría considerarse como el antecedente histórico de la izquierda de hoy- dieron al traste con la nueva singladura.
La 1ª República fue, de hecho, un aborto provocado por el secesionismo independentista y por el afán de dos militares liberales de Restaurar un régimen que, ya entonces, debería haber cerrado un ciclo gloriosamente fenecido: La Monarquía Borbónica.
Primero Pavía, y luego Martínez Campos. Como ambos fueron generales "liberales progresistas" a sus golpes de estado se les ha llamado "pronunciamientos militares", que al parecer suena mejor a los sectores izquierdistas.
La 2ª República -nacida un 14 de Abril, como el próximo lunes- supuso también la apertura de un ciclo cargado de expectativas y alegría para muchos españoles que soñaban con la liberación de la opresión de las clases más desfavorecidas y castigadas socialmente. Pero de nuevo el pérfido separatismo aprovechó el río revuelto para su particular ganancia de traidores. Y, por otra parte, el odio marxista antiespañol y anticristiano generó tal cantidad de brutalidad, de represión y de arrasamiento total de cuanto estaba en pie -por bueno o válido que fuera- que pronto requirió de una solución tan dramática como necesaria: El Alzamiento Nacional del 18 de Julio.
Hoy día, los dos elementos comunes para inducir a finalizar un ciclo e inaugurar otro se dan nuevamente: La dinastía Borbónica y las injusticias sociales. Pero, como entonces, acechan espectantes los separatismos regionales.
Bajo la bandera de la revolución sindicalista y nacional, patriótica y social, volveríamos muchos españoles a marchar con entusiasmo. Como un solo hombre. Como un solo pueblo. Reconquistando la Justicia y la Libertad.
Sería, al menos, una República Nacional y no una Monarquía hereditaria y extranjera.