7.4.08

El espíritu de la ley

La semana pasada la La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional revocó la decisión del juez Santiago Pedraz de archivar la causa contra la alcaldesa de Hernani, Marian Beitialarrangoitia (de la formación batasunoetarra ANV), por un presunto delito de enaltecimiento del terrorismo.

La alcaldesa etarra, Beitialarrangoitia, pidió -en el transcurso de un mitin electoral de ANV el 12 de Enero en Pamplona- un aplauso para los presos etarras que atentaron contra la T-4 y que ocasionaron dos víctimas mortales, amén del total destrozo de unas monumentales instalaciones del aeropuerto de Barajas.

La Fiscalía recurrió en su momento la decisión del juez y ahora ha sido estimado por la Sala de lo Penal.

La alcaldesa etarra adujo ante el juez que lo único que intentó fue "expresar sus sentimientos" hacia las dos alimañas cobardes y asesinas que volaron la T-4 y segaron la vida de dos personas, los etarras Iñigo Portu y Martin Sarasola.

El pretexto del juez Pedraz fue agarrarse, como a un clavo ardiendo, a la letra de la ley obviando que, además de la letra, en toda norma jurídica existen otros criterios interpretativos, como, por ejemplo, el "espíritu" de la ley, es decir, aquéllo que el legislador quiso regular, sancionar o prohibir, al margen del estricto y literal uso de las palabras exactas de su redacción.

Pedraz dijo que no constituía un delito de enaltecimiento porque éste persigue 'la exaltación o justificación de métodos terroristas', "por más que pongan en cuestión el marco constitucional", ya que de ser así esta acusación se convertiría en un instrumento "para controlar la disidencia política". Soplapollez por excelencia ya que proviene de un ilustre togado.

Según el juez constituye disidencia política alentar, jalear y aplaudir a los asesinos de personas inocentes al tiempo que con su actitud se fomenta, como todo aquéllo que es homenajeado, la mayor práctica de crímenes.

Pero es que esta ley, que ahora interpreta el juez Pedraz, lo que en verdad pretende es impedir que nadie pueda hacer bandera de los asesinatos terroristas ni ondearla al viento sobre los cadáveres de las víctimas. Al margen de su estricta literalidad. De hecho, si la alcaldesa etarra los aplaude y ovaciona no es por ser "aún preventivos y no estar condenados en firme" como esgrime el juez castrado, sino precisamente por su execrable crimen de la T-4 y por ninguna otra cosa.

Espero que si llega el día en que algún gusano etarra le vuele la cabeza al juez Pedraz -Dios no lo quiera- nadie se escandalice por organizarle, por ejemplo, una verbena en el transcurso de su funeral. La ley, en realidad, no dice nada sobre este tipo de verbenas.