8.5.07

La chapuza de los GAL

Hace unos días un amigo me preguntaba mi opinión sobre una cuestión que -en el fuero interno de cada español- concitó todas las simpatías de los ciudadanos: El GAL.
Lejos de planteamientos simplistas debo reconocer que no soy en absoluto partidario de que el fin justifique los medios.
Es verdad que cuando los gobiernos de otras naciones creían no haber tenido más remedio, se han empleado a fondo en utilizar las trastiendas -o cloacas- del sistema para poder finiquitar lo que, desde la legalidad, decían no poder solucionar.
Sin embargo, cuando este atajo se ha tomado en el extranjero, los gobernantes que mandaron ejecutar tan siniestros planes los asumieron sin rodeos y con la valentía propia de quien hace un bien a su país. No fue esta, desde luego, la postura del gobierno del PSOE con los GAL. Postura que, si bien le habría supuesto el apoyo de la gran mayoría del pueblo español, prefirió que fueran los meros ejecutores quienes cargaran con toda la responsabilidad del asunto.
Al margen de estas cuestiones debo indicar que, por su propia naturaleza, quienes teniendo todos los resortes del poder utilizan a siniestros e inútiles personajes de los bajos fondos -españoles, portugueses y franceses- para solucionar lo que, a todas luces, es una cuestión de Estado, suponiendo además el enriquecimiento de quien lo hace, merece para mí todo mi desprecio.
Hacer fortuna a cambio de ofrecer un servicio a un país no sólo deslegitima las acciones a emprender por ese gobierno sino que, cuando menos, resulta denigrante -o así debería ser- para los gobernados. Si añadimos que de ese enriquecimiento gozaron miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, la situación produce náuseas.
Y si, por último, nos vemos obligados a reconocer que toda una nación -gobierno al frente- con su Ejército, al servicio de los intereses de la patria; y que todos los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado están, fundamentalmente, para garantizar la soberania, independencia y unidad de la misma, concluiré diciendo que, quienes recurren a mercenarios que, para más inri, no dan pie con bola en cuanto hacen, se forran por su actividad y se chivan entre sí por las esquinas, las acciones acometidas no pueden ser más hipócritas y más repugnantes.
Existe una sola forma de hacer las cosas desde el gobierno: Con Autenticidad y Transparencia. Y existe además la posibilidad de volver a incluir en el Código Penal la pena de muerte para los delitos de terrorismo separatista. Sí, esa ante la cual los mismos que respaldaban la guerra sucia frente a ETA se rasgan las vestiduras en público cuando se la menciona.
Y ello se llevaría a cabo, no sólo con todas las de la ley -y con todas las garantías penales y procesales adecuadas- sino, además, con toda la legitimidad del mundo.