20.5.07

¡Europa despierta! (por Fermín Castro, historiador andaluz)

Al contrario que otras grandes naciones de la Antigüedad, de Esparta no se han conservado grandes monumentos arquitectónicos, ni grandes logros científicos.
Esparta ha horadado profundamente la Historia, depositando una semilla que ha germinado brillantemente en la memoria colectiva, siendo espartano sinónimo de austeridad y resistencia heroica. No han permanecido en pie sus templos; sus esculturas de ciegos ojos no miran el pasar de los siglos. Esparta ha legado a las generaciones su espíritu. Un espíritu basado en la valentía, la austeridad y la unidad. ¡Cuán necesitada se encuentra Europa, la genuina depositaria de la Civilización Occidental, de aquel viejo espíritu espartano!.
Atenas plasmaba su grandeza en la materia, era medible su valor mediante las construcciones, su genio se expresaba dando vida a la piedra, originando instituciones que son, aun hoy, utilizadas como la democracia. Esparta no necesitó de este oropel: Su grandeza, su genio, son espirituales.
Esparta era la ciudad-Estado (polis) más grande de Grecia. Los ciudadanos de pleno derecho se denominaban espartiatas y conformaban un quinto de la población, el resto lo formaban los hilotas (un escalón por encima de la esclavitud) y los periecos (las masas de esclavos). Ambos grupos se hacían cargo del cultivo del campo debiendo entregar la mitad de la cosecha al Estado.
Uno de los personajes más interesantes de la Antigüedad fue Licurgo (VII a.c.), que nada en las procelosas aguas de la leyenda y el mito, aunque últimas investigaciones apuntan que realmente existió. Licurgo es el creador de la Constitución Espartana, es decir, del alma de Esparta. Licurgo nos habla a través de las insondables noches del tiempo; nos dice que el dinero no tiene ningún valor, que él autentico valor es del ciudadano que esta dispuesto a dar la vida por su patria. La riqueza es la libertad. Nos habla de austeridad, de honor; de honor por encima de todo. Nos habla de pacto de sangre, de unidad, de compañerismo, de entrega. Nos avisa del peligro de los extranjeros, entendido éste como el ajeno a nuestra cultura, que como gusanos carcomen el alma de la patria y hacen diluirse y desaparecer las constumbres y la moral de la nación.
Se educaban en la gimnasia y la música. El servicio militar duraba hasta los 60 años. Los ciudadanos espartanos eran iguales, no había grandes diferencias económicas. Esa igualdad les hacia ser fieles al Estado pues el bien de uno era el de todos, las motivaciones de uno era las motivaciones de todos. Qué envidiable unidad. El buen gobierno o eunomia estaba basado en el respeto a la ley y en llevar una moral de honor. Palabras extrañas a los oídos de esta Europa de la globalización.
La táctica política difiere radicalmente del combate individual con jabalinas arrojadizas de los héroes clásicos. Se componían de densas formaciones de hoplitas. La forma de combatir es reflejo de su espíritu. Es una lucha que necesita de coraje, disciplina y marcialidad y, lo que es aún mas importante, de heroísmo colectivo donde el escudo no protege al infante que lo porta sino al compañero que se encuentra a tu lado. Tu vida está en manos de tu compañero y la de él en tus manos. Qué hermosa visión la de aquellos hombres marchando en formación cerrada, caminando como un solo hombre. La voz de miles de almas trasmuta en el grito de la patria, en busca de las hordas de bárbaros y de la gloria.
¡Europa despierta! . Recobra tu olvidado espíritu espartano: nación junto a nación, hombro con hombro, unidos frente al enemigo de la cultura, de la civilización y del progreso de la humanidad.