11.5.07

Carta abierta a Ricardo Sáenz de Ynestrillas

Querido camarada Ynestrillas, tuve la oportunidad de conocerte en tu reciente visita a Málaga. Como historiador de profesión y patriota revolucionario de convicción te envío estas líneas, so pretexto de la Ley de Memoria Histórica, por si consideras oportuna su difusión, en la confianza que rebrote en muchos camaradas el ímpetu juvenil del combate en esta hora decisiva de España.

Nosotros, los falangistas, ya estamos acostumbrados a los ataques frontales, nunca los hemos rehusado; también estamos hechos a la difamación de los nuestros y a la tergiversación de nuestras ideas. Nuestra rica y vigente doctrina, que podemos resumir en pasión por la justicia social y amor irrevocable por nuestra patria encuentra en la actualidad una nueva barrera legislativa impuesta por el sistema nacido el 20 de noviembre de 1975 de manos de perjuros, traidores y cobardes. La Ley de “Memoria Histórica” busca la desmemoria de todos aquellos que dieron su vida por Dios y por España en las cunetas, las iglesias o tras las sacas de la cárcel delante de anárquicos pelotones de asesinos. Una ley consagrada por aquellos que callaron durante decenios y ahora se muestran tan “valientes”, ¡enana y vil valentía!.

Nosotros, los falangistas de ayer, los patriotas de hoy, lanzamos al viento nuestra decisión rotunda y duradera de lucha por la España “eterna y espontánea” del 98, “unida, grande y libre” del 36. Somos los primeros del mañana.

Nosotros, con el ánimo de espíritu que deviene de la represión que asfixia a nuestras banderas, a nuestros caídos, a nuestras ideas, seguimos creyendo en España. Somos conscientes de la gran batalla ideológica que nos cerca, también desde Europa se sancionan verdades irrefutables, incontestables, imposibles de llevar siquiera al campo de la investigación histórica por obra y gracia de legisladores portadores de las verdaderas tablas de la ley mosaicas. Pues bien, nada de esto nos va a parar, estamos de nuevo y para siempre en las calles, junto a los obreros, jóvenes y olvidados, junto al pueblo que sufre la ignominia de unos políticos que en la izquierda se enriquecen y tiene al “becerro de oro” como norte y guía vital, de unos políticos derechistas cuya única meta es preservar los privilegios alcanzados. Frente a “su” memoria, nuestro presente, enraizado en el mejor pasado. El sufrimiento legitima nuestras filas, quien quiera bienestar que nos eluda, nuestra memoria es la revolución pendiente.

Nosotros, sí, frente a ellos, enfrentados en la dialéctica de palabra y de hechos; porque somos mejores, porque no tememos a la acción, al contrario, la buscamos, porque sin nosotros España será extinta. Nuestra empresa histórica se muestra hoy más sugerente, más clarificadora, filtra el patriotismo conforme aumenta la represión demoliberal, acentúa a los decididos en su voluntad, margina a los tibios en su duda. Dejemos el ¿qué va a pasar?, apostemos por el ¿qué voy a hacer?. Cabe recordar a nuestro hidalgo, en metáfora del idealismo que nos acompaña, cuando reflexionaba que puesto que nada es perdurable y el mal ya ha sido mucho, está cerca el bien. La coyuntura presente ofrece un panorama tan desolador, mediocre y ruin que puede favorecer el despegue de nuestro movimiento, hagamos un esfuerzo por la unidad, busquemos lo que integra: Patria, Revolución y Jerarquía. Seamos dignos de nuestra sangre, merecedores de nuestra Historia, verdadera identidad creadora.

Con cuarenta años de edad, hace ya veintiséis que me inicié en la lucha y ahora más que nunca siento que el heroísmo es la única salida, es la hora de dar un paso adelante o fenecer. Que mi testimonio recuerde al de José Antonio cuando exhortaba: el pensamiento sin acción es entelequia. Nuestra doctrina son los hechos, la conquista del Estado nuestra ambiciosa meta. No está de más recordar nuestros principios fundacionales y el objetivo de nuestra lucha. Juremos sobre la memoria de nuestros caídos, aquí y ahora: ¡España o muerte!

Seguimos creyendo en España, ¡creamos en nuestras fuerzas!, ¿qué mayor placer que la derrota de nuestros enemigos?, siempre Cervantes. No más observadores, todos transformadores fecundos, optimistas y radicales de un nuevo orden.

Abrazos, me despido con un saludo a nuestro estilo, brazo en alto: ¡Arriba España!

Jorge Chauca García
Málaga, 21 de abril de 2007